ERROR nº 15 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 15: El tinto, siempre del tiempo
Es un mandamiento que conviene matizar: no es lo mismo el tiempo en agosto que en enero. Guillermo Cruz, el premiado sumiller de Mugaritz, opina que “para disfrutar más del vino, una temperatura perfecta son 15 grados. Tapa esa puntita de más de alcohol que tienen algunos vinos, se enmascara un poco sobre todo en la primera copa, y ya se pondrá a 18 grados en copa. Pero si lo servimos a 18 grados o del tiempo, que son 20, pues imagínate cómo acaba esa copa”.

ERROR nº 14 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 14: Me pierdo con eso del maridaje
Vale, he aquí unas pistas: “Los vinos de una zona suelen maridar muy bien con las comidas tradicionales de esa región”, argumenta el sumiller Iván Martínez. Por ejemplo, un albariño funcionará siempre bien con un plato de marisco gallego. “Otra pista son los colores. El color de un plato nos puede inducir a qué tipo de vino enfocarlo: los blancos suelen armonizar bien con platos de tonos claros: pescados blancos, carnes blancas…; los tintos, con carnes rojas, salsas oscuras… Aunque siempre hay matices”.

ERROR nº 13 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 13: Solo bebo vino tinto (o blanco), independientemente de lo que coma
Hay devotos del tinto que desprecian la ligereza del blanco; también quienes no se salen de un blanco fresquito (muy apreciado por el público femenino). Combinar una comida con el vino idóneo (lo que se conoce como maridaje) no solo es algo que agradecen nuestras papilas gustativas, sino que mejora la comida y el vino. “Básicamente, los blancos siempre cuadran mejor con los pescados, mariscos y entrantes más ligeros porque no tienen taninos, son más acidez, más frescos, más fáciles de beber…; y los tintos se adaptan muy bien a las carnes porque un maridaje que siempre funciona es el de taninos y proteína. Aquí nunca fallamos. Es una norma quizá demasiado general pero siempre funciona”, dice Guillermo Cruz.

ERROR nº 11 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 11: Los climatizadores de vino son una pijada y no sirven para nada
Bueno, si realmente quiere convertirse en un aficionado serio y empezar a comprar botellas de cierta calidad, estos acondicionadores de temperatura, también llamados vinotecas —con capacidad a partir de seis botellas— pueden ser un estupendo regalo para ponerlo en la carta a los Reyes. “Están bien porque son cámaras que te mantienen una temperatura y una humedad constantes, y las botellas están muy bien conservadas”, dice Guillermo Cruz. “Por ejemplo, en mi casa tengo un par de ellas grandes, de 140 botellas, y es como guardo el vino. Pero un climatizador de seis botellas también está bien: si el consumo no es muy grande, ahí tienes tus seis botellitas que sabes que están bien guardadas y bien custodiadas”.

ERROR nº 9 GARRAFAL CON EL VINO

 

Error nº 9: Decanto todos los vinos: para eso está el decantador, ¿no?

Esa especie de jarra grande de curvas voluptuosas queda divina en tu vitrina, pero úsala con precaución. “Solo cuando sea estrictamente necesario”, previene Guillermo Cruz. “El vino es algo natural y tiene sus procesos. Y el momento desde que sale de la botella hasta que cae en la copa, percibiendo esos aromas de reducción, cuando está un poquito cerrado, hasta que poco a poco empieza a exhibirse y mostrarnos todo lo que tiene, es precioso y no hay que perderlo. Si tenemos tiempo hay que disfrutar de ese momento tan bonito”.

ERROR nº 3 GARRAFAL CON EL VINO

 

Error nº 3: Si mi vino está caliente, ¡le echo un cubito!
Lo hemos visto, sobre todo en blancos y rosados; sacrilegio solo comparable a la atrocidad de mezclar un reserva con refresco de cola. “Es una pena, porque al echar el hielo estamos mezclando vino con agua”, se lamenta Guillermo Cruz, Mejor Sumiller de España 2014. “Hay que pensar que detrás de cada botella hay un trabajo maravilloso, una filosofía, alguien que está todo el año esperando a hacer esa vendimia para que al final su emoción se convierta en una botella. Casi es preferible aguantar cinco minutos más el vino en la nevera que echarle un cubito de hielo. Pierdes el equilibrio del vino”.

Para disfrutar más del vino, una temperatura perfecta son 15 grados. Si lo servimos a 18 grados o del tiempo, que son 20, pues imagínate cómo acaba esa copa”

Guillermo Cruz, mejor sumiller de España en 2014

ERROR nº 1 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 1: Un vino más caro siempre es mejor
Lo desmiente Alicia Estrada, autora del libro Los 100 mejores vinos por menos de 10 €: “Hay vinos caros excepcionales y vinos por debajo de 10 euros también excepcionales. Mucha gente me dice que ha probado uno de los caros y le ha decepcionado. Y era excepcional. Creo que tenemos que comprar los vinos que podemos y sabemos disfrutar. Los caros a veces son difíciles, son cerrados, necesitan una cierta preparación sensorial, un cierto conocimiento, una experiencia…”. La especialista, además, subraya que el concepto de “mejor” es relativo: “El vino es una bebida de momentos. No es lo mismo uno de domingo, de paella que te tomas con tu familia, que uno de una noche romántica, que uno que te tomas con unos clientes en una cena de trabajo”.

Cómo iniciarse en el mundo del vino

Sumiller
http://www.diaridetarragona.com

http://www.diaridetarragona.com/naltros/85791/como-iniciarse-en-el-mundo-del-vino

Anna Casabona (Tarragona, 1971) es sumiller y licenciada en Enología por la URV. Ha formado parte del jurado de diferentes concursos de vinos nacionales e Internacionales. Actualmente es delegada comercial y sumiller del Celler de Capçanes y finalista del Concurs Millor Sommelier de Catalunya 2016

“No saber de vinos no debería impedirnos disfrutar de una copa”

Hay un momento en la vida en el piensas que sino bebes vino no te puedes sentar en una mesa con personas adultas. Me pregunto: ¿Quiénes no bebemos vino porque tendríamos que empezar ahora, sino lo hemos hecho antes? Tal vez ha llegado el momento de saborear de otra manera la vida, los momentos especiales, las celebraciones, y disfrutar de una copa de vino, de un buen vino. Pero por dónde empezamos el ‘club de los indecisos’. La sumiller Anna Casabona me aconseja. «Cuando a alguien le decimos que pruebe un vino o lo compre se asusta y dice que no sabe de vinos», afirma. Cierto respecto es lo que comparto con otras personas no iniciadas. «Se piensa que beber vino es algo exclusivo de gente experta», asegura. Anna Casabona es experta y me puede ayudar.

No saber de vinos no debería impedirnos disfrutar del sabor de un tinto, un blanco o una botella de rosado. «El vino es para pasarlo bien. Es como la música, existe una melodía para cada momento. Tenemos vinos más desenfadados para cuando tenemos sed y queremos beber algo que nos gusta, otros que son más para celebraciones, y otros que son como una ópera y que podrían ser más intelectuales», explica.

Tenemos que prestar atención a lo que nos gusta y pasarlo bien degustando un vino. A más de uno el sabor de la primera cerveza que probamos seguro nos disgustó. En cambio seguimos disfrutando del extracto de lúpulo. Nos hemos acostumbrado. Con el vino nos pasará lo mismo. ¿Qué nos aconseja la sumiller? «Mejor empezar con vinos más suaves, que tengan incluso un poco de azúcar. Son una buena opción y resultan más fáciles de beber», afirma.

Ya hemos descorchado la primera botella y mejor disfrutarla comiendo. «El vino está pensado para comer. Un buen maridaje es aquel que uno más uno es igual a tres, es decir, un plato y un vino si están bien combinados hacen que sean mucho mejor y nos lo pasemos mejor», detalla Anna Casabona.

A partir de aquí seguiremos probando para encontrar los vinos que más nos gusten.

Hasta ahora me excusaba en el sabor para evitar que me echaran vino en la copa, pero el vino hay que disfrutarlo con los cinco sentidos e ir más allá. «El vino habla de territorio y de paisaje, de cultura, del esfuerzo y del trabajo de muchas personas. Merece la pena dejarse llevar», afirma la sumiller, y añade que «visitar ferias es una muy buena oportunidad para iniciarse. Además de degustar buenos vinos tienes la oportunidad de hablar cara a cara con los productores».

Nadie nos explicará mejor un vino que quien lo hace.

Por primera vez en décadas aumenta el consumo de vino en España

http://www.abc.es/espana/abci-primera-decadas-aumenta-consumo-5394195829001-20170411023004_video.html  11/04/2017 a las 21:39h.

Los españoles volvemos a brindar más con vino. Después de todos los años de la crisis en descenso, el año pasado aumentó su consumo un cuatro por ciento. Bebimos 1.000 millones de litros en total, 21 por persona de media, la mitad de lo que se consumía en los años 70.  Otros países productores, como la vecina Francia, beben el doble de vino que nosotros. Durante la crisis, consumimos menos caldos, sobre todo en restaurantes, pero ahora esa tendencia ha empezado a cambiar. Las bodegas han mejorado la calidad de sus vinos y se les están abriendo nuevos mercados como Estados Unidos y China. Y fuera de España, lo aprecian. Aquí consumimos menos de la mitad del vino que exportamos.-Redacción-

Vino Ecológico Español

 

¿Hay que dejar el alcohol para adelgazar? No, con condiciones

KRISTIN SULENG 2 ABR 2017 – 10:36 CEST http://elpais.com

Muchos renuncian por completo al vino o a la cerveza cuando se ponen a régimen. La ciencia no es tan tajante.Manuel (nombre ficticio), empresario de 44 años, ha decidido ponerse a régimen para combatir el sobrepeso. Pero rara es la semana en la que en su agenda no aparezcan las comidas y las cenas de negocios o el tapeo entre amigos, todo regado con alcohol, bien con cerveza o vino en las comidas, bien con combinados para el postre. En el listado de hábitos que conviene abandonar, Manuel ha puesto en el número uno dejar toda bebida alcohólica, pensando que ese cambio le beneficiará para deshacerse de los kilos de más. Si usted es de los que le echan la culpa al alcohol por haber ganado peso, puede que esté incurriendo en un error para el que la ciencia tiene respuesta.

Nadie discute que el alcohol constituye uno de los elementos más controvertidos a la hora crear acuerdos en cómo diseñar una dieta adecuada, sobre todo si en la balanza se tienen en cuenta todos sus posibles efectos adversos, como recoge la OMS: es factor cuasal en más de 200 enfermedades y trastornos. Si se atiende solo a su composición nutricional, un gramo de alcohol supone siete calorías, frente a las nueve de un gramo de grasa y las cuatro de un gramo de azúcar. Por ese carácter hipercalórico, muchos asocian el consumo de alcohol a la obesidad y expresiones populares como barriga cervecera lo refrendan. Pero, ¿hay que renunciar al alcohol si se desea realizar una dieta de adelgazamiento?

“Decir que el alcohol puede ser la causa de la obesidad es dar una información demasiado escasa y poco realista” (María Astudillo, nutricionista)

Para empezar, nunca va a ser el culpable de todo

“Decir que el alcohol puede ser la causa de la obesidad es dar una información demasiado escasa y poco realista. La obesidad surge por una suma de razones que llevan a acumular kilos de más, ya que junto con el consumo regular de alcohol se encuentran otros factores como el desorden alimenticio, el consumo elevado de alimentos procesados o el picoteo entre horas. El alcohol se acumula en forma de grasa en nuestro organismo muy rápidamente en los diferentes tejidos. En el caso de que un adulto consuma cuatro cervezas durante una tarde de fútbol, habrá tomado más de 12 gramos de etanol y más de 400 calorías. Si acompaña esas bebidas con una bolsa de patatas fritas, acabará tomando más de 1.000 calorías en una tarde de forma innecesaria, por lo que en seis tardes como esa habrá engordado un kilo”, señala la nutricionista María Astudillo, autora de La dieta ALEA.

Con una o dos copas de vino o cerveza al día, se puede adelgazar

En un reciente artículo, Jane E. Brody, columnista de salud en el New York Times, abordaba el consumo moderado de alcohol como aliado de una dieta equilibrada, rompiendo la vieja dicotomía entre los defensores y detractores a ultranza de las bebidas fermentadas. “En un mundo en el que puritanismo o los fundamentalismos rodean al alcohol, está muy bien que el artículo refleje la realidad de la cuestión. No se trata de decir ‘alcohol sí’ o ‘alcohol no’, sino de hablar de un consumo moderado que beneficia a quienes desean acompañar su dieta saludable, con verduras, frutas y legumbres, con un poco de vino o cerveza”, sostiene el doctor Ramón Estruch, del Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (CIBEROBN) del Instituto de Salud Carlos III.

Tras seguir a 7.447 personas durante un periodo de cinco años, Estruch, coordinador nacional de PREDIMED, dirigió un estudio publicado en 2016 en The Lancet en el que se observó que las personas que siguen una dieta mediterránea a largo plazo, en la que incluyen un consumo de moderado de vino o de cerveza, pierden peso. “El consumo de alcohol en esos casos era una copa de vino o una caña de cerveza de media al día. La clave para adelgazar está en mantener una dieta saludable, reduciendo el número total de calorías que una persona toma al día, es decir, mermar el tamaño del plato”, asegura este especialista en los efectos cardiovasculares de la dieta mediterránea.

Para Estruch, la relación entre obesidad y alcohol depende de la dosis y el tipo de bebida que se consuma. “Las personas que son alcohólicas, que consumen altas cantidades, engordan al principio, pero en una fase posterior, por el propio metabolismo del alcohol y la ingesta alimentaria, se altera el intestino y aparecen alteraciones en el organismo, de forma que les hace bajar de peso, por lo que aquellos que abusan del alcohol suelen ser muy delgados. Estamos viendo que el alcohol puede inducir cáncer, en concreto cáncer de mama, pero hemos visto que si se consume moderadamente vino o cerveza dentro de una dieta saludable tiene un efecto protector. Por tanto, depende absolutamente del contexto en el que se dé el consumo de alcohol, no solo del alcohol en sí mismo”, explica.

Ahora bien, acompáñelo de hábitos realmente saludables, pues beber alcohol no lo es

No obstante, recuerda Pilar Botella, dietista-nutricionista del Hospital La Luz, que cualquier consumo de un alimento calórico y poco saciante como las bebidas alcohólicas, refrescos y zumos está asociado a un mayor consumo extra de calorías, y a medio o largo plazo, junto con otros hábitos poco saludables, a padecer obesidad. “Un estudio de cohortes donde se siguió a 23.712 personas durante casi doce años en Taiwán, concluyó que quienes padecían obesidad y consumían alcohol cuatro veces a la semana durante un año tenían ocho veces más posibilidades de padecer carcinoma hepatocelular que los participantes no obesos y no consumidores”.

Revisiones como la publicada en 2015 por Current Obesity Reports, que subrayan que el consumo moderado de alcohol no está vinculado a la obesidad (dos bebidas como mucho al día en hombres y una en mujeres) pero sí un consumo excesivo puntual (cinco bebidas en un solo día) o un hábito frecuente de envergadura (más de cuatro bebidas al día en hombres y más de tres en mujeres), no valoran, según Botella, los factores de confusión, es decir, la multiplicidad de factores que condicionan la obesidad. “La mala alimentación y el sedentarismo son las causas principales, pero el consumo de alcohol es una mezcla de ambas. Las bebidas alcohólicas son calóricas al igual que un refresco azucarado o un batido de chocolate, y además su consumo no está asociado a una actividad física aumentada. ¿Consumimos alcohol para irnos a correr o para estar sentados al sol leyendo el periódico o poniéndonos al día con los amigos?”, subraya esta nutricionista.

Y olvídese del gin-tonic

Teniendo en cuenta los posibles riesgos del consumo desmesurado de alcohol, ¿cuál es la dosis tope que puede tomar una persona que quiera ponerse a dieta sin renunciar a las bebidas fermentadas? “Dos copas de vino comiendo o cenando. Y no media botella de vino, un gin-tonic o un coñac: con eso no se puede en absoluto adelgazar. El alcohol es todo azúcares. Media botella de un reserva puede tener entre 1.200 y 1.400 calorías [como una hamburguesa de fast food, patatas fritas y refresco], cuando el gasto calórico medio puede estar entre 2.400 y 2.600 calorías”, asegura Carlos Ballesta, director del Centro Laparoscópico Dr. Ballesta del Hospital Ruber Internacional.

Tras intervenir en 3.000 cirugías bariátricas, este especialista en cirugía de la obesidad reconoce, desde el ámbito clínico, que uno de los problemas de reganancia de peso más importantes, sobre todo en los hombres, reside en ese abuso de bebidas con etanol. “El alcohol influye en la obesidad, pero el hábito de beber una copa de vino al día no impide llevar una dieta. A aquellas personas con mucha vida social, como los empresarios, les indicamos que eliminen de sus hábitos la media botella de vino y el gin-tonic diario, para que el índice de glucemia se normalice, y les recomendamos que se tomen en su lugar una copa de vino blanco, porque de esa manera no engordarán”, recomienda Ballesta.

“El consumo moderado de alcohol es —anota Ramón Estruch— una o dos copas de vino o cañas de cerveza al día en los varones, y entre una o una y media en las mujeres, pero siempre dentro de un patrón de dieta mediterránea saludable. De ese modo, nadie tiene por qué tener miedo a ganar peso por beber alcohol”.

Si se pasa un poco, la cosa sale a entre 500 gramos y un kilo al mes

Si una persona no modificara su estilo de vida y añadiera a su consumo habitual dos latas de cerveza diarias podría subir de peso medio kilo al mes, “algo muy poco apreciable, porque se puede ganar fácilmente por el hecho de haber dejado de tomar leche desnatada y pasarse a la entera. Existe un estudioen ratas en el que no se observan cambios en el peso, pero sí en la función y la estructura del hígado”, apunta la nutricionista Botella.

“Para engordar un kilo de grasa —recuerda la nutricionista María Astudillo—, una persona necesita consumir 7.000 calorías más de las que su cuerpo requiere. Para llegar a este extra, habría que beber, de más, dos cervezas al día durante un mes o dos botellas de vino a la semana durante el mismo periodo de tiempo, así como cinco copas con alcohol y refresco durante cuatro fines de semana seguidos”

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