ERROR nº 8 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 8: Solo bebo vino en las comidas
Llegas a casa del trabajo, exhausto, y te abres una cerveza fresquita…¿Puede haber algo mejor? Mejor no, pero el vino puede cumplir la misma misión sanadora con idéntica solvencia. “Yo lo llamo los momentos del vino”, dice Alicia Estrada. “Hay un vino que te tomas mientras estás haciendo la comida, y otro que puedes beber cuando llegas a casa después del trabajo, cansado, malhumorado… Los franceses lo llaman ‘vinos desalterantes’: te hacen pasar de un estado anímico a otro. Te llevan a un estado de relax y te preparan para disfrutar del final del día con tu pareja o tu familia”.

ERROR nº 7 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 7: Solo compro vinos de Rioja o Ribera; son mejores
Pues no sabes lo que te pierdes. “En España tenemos unas zonas que en los últimos años están demostrando todo su potencial, como El Bierzo o Ribeira Sacra, que es la Borgoña española, o los de la comunidad valenciana, o los de Aragón…”, describe Guillermo Cruz, de Mugaritz. “A día de hoy el consumidor tiene un abanico de opciones impresionante que ya no se limita a Rioja o Ribera, sino que hay muchísimo más y su calidad es por supuesto equiparable a la de estas zonas más conocidas”. Ya sabe: arriesgue y vencerá. El pasado junio, por ejemplo, un vino de la D.O. Calatayud (Señorío de Ayud) obtuvo la máxima puntuación histórica en el certamen Bioweinpreis (Alemania).

ERROR nº 6 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 6: Un reserva siempre es mejor que un vino joven
“Dependerá”, puntualiza Alicia Estrada. “Un reserva lo único que te dice es que ha pasado bastantes meses de barrica, y por tanto va a tener unas condiciones de durabilidad mayores. Lo puedes guardar más tiempo. No es un aval de calidad”. La barrica aporta sabores y aromas, de los que los vinos jóvenes carecen, pero muchos de estos ofrecen, a cambio, frutosidad, frescura y un toque más moderno. Si se les aplica el proceso de maceración carbónica, pueden ganar en intensidad de sabor y color.

ERROR nº 5 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 5: Lo sirvo en vaso
Puede que beber agua en una copa bordelesa resulte muy chic; hacerlo al revés —ingerir vino en un vaso de agua— denota bisoñez. Utilices un vaso normal o uno de los achatados tipo zurito, te estarás perdiendo grandes cosas. “Una copa de vino con cierta altura y que el balón tenga un diámetro es vital para que el vino al moverlo se oxigene y volatilicen todos sus aromas”, aconseja Iván Martínez. El tallo de la copa permite cogerla sin tener que poner los dedos a la altura del vino, calentándolo. Guillermo Cruz, de Mugaritz, coincide: “En una copa el vino siempre se crece. Pero en el fondo lo importante es consumirlo, que sea algo de todos los días, porque es parte de nuestra cultura; el resto es secundario”.

ERROR nº 4 GARRAFAL CON EL VINO

 

Error nº 4: Lleno la copa hasta arriba

¡Somos espléndidos! Que no les falte de nada a nuestros invitados: igual que atiborramos sus platos, llenamos sus copas a rebosar… Y, aunque con buena intención, estamos quedando fatal. El sumiller Iván Martínez, Nariz de Oro 2014, recomienda llenarlas “siempre menos de la mitad. Por muchos motivos: porque el vino se calienta en exceso; porque si la llenas hasta arriba no puedes mover la copa para sacar más expresión al vino… Nos va a restar al vino. Además, a la hora de ingerirlo se dosifica mejor y no te llena tanto la boca. A mí me parece un poco ofensivo cuando te echan tanta cantidad”.

ERROR nº 3 GARRAFAL CON EL VINO

 

Error nº 3: Si mi vino está caliente, ¡le echo un cubito!
Lo hemos visto, sobre todo en blancos y rosados; sacrilegio solo comparable a la atrocidad de mezclar un reserva con refresco de cola. “Es una pena, porque al echar el hielo estamos mezclando vino con agua”, se lamenta Guillermo Cruz, Mejor Sumiller de España 2014. “Hay que pensar que detrás de cada botella hay un trabajo maravilloso, una filosofía, alguien que está todo el año esperando a hacer esa vendimia para que al final su emoción se convierta en una botella. Casi es preferible aguantar cinco minutos más el vino en la nevera que echarle un cubito de hielo. Pierdes el equilibrio del vino”.

Para disfrutar más del vino, una temperatura perfecta son 15 grados. Si lo servimos a 18 grados o del tiempo, que son 20, pues imagínate cómo acaba esa copa”

Guillermo Cruz, mejor sumiller de España en 2014

ERROR nº 2 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 2: Siempre abro la botella media hora antes
No le estarás haciendo ningún mal a su contenido, pero tampoco le aportará beneficios. Si sospechas que el vino necesita abrirse, descórchalo con varias horas de antelación o somételo a un decantado o un jarreo (un decantado vigoroso). “El porcentaje de oxígeno que influye en la capacidad de esa botella de 75 cl es muy reducida”, explica el sumiller Iván Martínez. “Si queremos oxigenar el vino porque está cerrado, por ser uno viejo que necesita respirar, o de ciertas variedades de uva que necesitan más oxígeno, tiene más sentido hacer un jarreado o decantarlo. Simplemente con eso vamos a evitar tener que abrirlo una hora antes o dos. Eso le hará algo, pero muy poco; le hará más, si realmente lo necesita, jarrearlo o decantarlo”, señala Martínez.

ERROR nº 1 GARRAFAL CON EL VINO

Error nº 1: Un vino más caro siempre es mejor
Lo desmiente Alicia Estrada, autora del libro Los 100 mejores vinos por menos de 10 €: “Hay vinos caros excepcionales y vinos por debajo de 10 euros también excepcionales. Mucha gente me dice que ha probado uno de los caros y le ha decepcionado. Y era excepcional. Creo que tenemos que comprar los vinos que podemos y sabemos disfrutar. Los caros a veces son difíciles, son cerrados, necesitan una cierta preparación sensorial, un cierto conocimiento, una experiencia…”. La especialista, además, subraya que el concepto de “mejor” es relativo: “El vino es una bebida de momentos. No es lo mismo uno de domingo, de paella que te tomas con tu familia, que uno de una noche romántica, que uno que te tomas con unos clientes en una cena de trabajo”.

¿Qué es la enfermedad de la luz y cómo afecta al vino?

www.vinetur.com ABRAHAM MUINELO MIÉRCOLES 03 DE MAYO DE 2017

Basta con 2 ó 3 días de incorrecta exposición para que se produzcan serias mermas debido a la “enfermedad de la luz”

Cuando adquirimos un vino de cierta calidad ponemos atención a su origen, coupage, proceso de vinificación, nombre, marca y etiqueta, ya que tenemos un nuestras manos un producto de alto valor añadido. Desde las prácticas y técnicas agronómicas aplicadas al cultivo de la vid, continuando por los procesos de elaboración y envejecimiento, se fusionan conocimiento científico-técnico y estrategia de mercadotecnia para la obtención de un producto diferencial que atraiga nuestro interés.

Paradójicamente, en muchas ocasiones no prestamos suficiente atención a otros aspectos, tan sencillos como relevantes, que afectan a las características organolépticas del producto. Es por ello que conocer los riesgos existentes, y llevar a cabo una correcta gestión de éstos, es fundamental si queremos disfrutar en total plenitud de un vino de calidad.

¿Qué es la enfermedad de la luz?

La riboflavina (más conocida como vitamina B2) es producida principalmente por las levaduras durante la fermentación alcohólica, por lo que es común su presencia, en mayor o menos medida, en los vinos.

No obstante, la cantidad es mayor en aquellos vinos que debido a su proceso de vinificación han estado en contacto prolongado con lías. Cabe recordar que las lías son microorganismos, principalmente levaduras, encargadas de realizar la fermentación alcohólica, y en menor grado bacterias, sobre todo si el vino no realizó la fermentación maloláctica, que al terminar su actividad, se mueren y se van descomponiendo, en un proceso conocido como autolisis.

El problema radica en que la riboflavina es muy fotosensible (susceptible a la luz) y sobre todo a los rayos ultravioletas (UV), por lo que esa degradación da lugar a una sucesión de reacciones químicas, que si no se inhiben o cuanto menos minimizan, afectan a la calidad del producto final.

El fundamento científico simplificado es que cuando se expone a la luz natural o artificial (en especial a la luz fluorescente), concretamente a longitudes de onda de 370 y 440 nm, pasa a un estado excitado de elevada energía dando lugar a numerosas reacciones entre las que destaca la fotodegradación oxidativa de aminoácidos azufrados y, en particular, de la metionina. Entre los productos finales destaca el dimetildisulfuro (DMDS), que presenta un olor defectuoso a coliflor cocida o lana mojada. Varios de estos compuestos presentan umbrales de percepción muy bajos y confieren al vino olores propios de lana mojada, col, cebolla y ajo, por lo que nos encontramos ante un decaimiento organoléptico, dando lugar a un vino desdibujado que no se ajusta a la calidad requerida.

Recordemos que la crianza sobre lías forma parte de la clásica elaboración con el método ‘champenoise’ en los vinos espumosos naturales en el que se provoca una segunda fermentación en la propia botella por lo que el contacto con las lías es aún mayor.

Por tanto, cabe destacar que el problema, defecto o “enfermedad de la luz” es más común en vinos blancos criados sobre lías y espumantes ya que en el caso de los tintos, los polifenoles desarrollan un efecto protector o antioxidante. No obstante, debemos aclarar que también puede afectar al color del vino debido a la degradación de los antocianos, sustancias colorantes (polifenoles) responsables del color de los vinos tintos.

Basta con 2 ó 3 días a una incorrecta exposición para que se produzcan serias mermas debido a la enfermedad de la luz.

¿Cómo se puede actuar?

En bodega hay diferentes maneras de actuar sobre el problema, como por ejemplo uso de cepas con baja producción de riboflavina, selección de nutrientes o utilización de coadyuvantes técnicos en el proceso de clarificación. Es relevante el uso de iluminación adecuada, así como una correcta gestión y crianza del vino embotellado.

También se puede actuar en fase de botella mediante la adición de componentes con el fin de:

  • Proteger de la radiación luminosa, ralentizando la aparición del fenómeno.
  • Actuar como “competidor” reaccionando con la riboflavina en lugar de los precursores azufrados.
  • Eliminar los metabolitos azufrados formados mediante mecanismos enlazantes o de captura.

Para concluir, cabe destacar que.

  • La presencia de pequeñas cantidades de cobre evitan la citada degradación ya que acomplejan la riboflavina.
  • Las catequinas de la uva en niveles superiores a 40 mg/litro son capaces de absorber las radiaciones UV a 370 nm, impidiendo la absorción de la riboflavina y en consecuencia el desarrollo del proceso antes descrito.
  • El ácido ascórbico o vitamina C debido a su carácter reductor y fotosensible, retrasa o impide la aparición de este defecto.
  • La utilización de botellas de vidrio filtrante a las radiaciones de longitudes de onda cercanas a os 370 nm.

A todo ello le podemos sumar nuestra formación e información como consumidores para así poner especial atención a la hora de realizar el proceso de compra y, en su caso, el posterior almacenaje en nuestra bodega privada.

Prestigiosas escritoras debatirán sobre “La Cultura del Vino”

http://entomelloso.com – 1 Mayo, 2017 a las 11:28

La Cultura del Vino, iniciativa de la Diputación de Ciudad Real y la Junta de Castilla-La Mancha en la que colabora FENAVIN, tiene una cita con cuatro mujeres de reconocido prestigio en el panorama cultural de nuestro país el próximo 3 de mayo a partir de las 20,30 horas en la Casa de Cultura de Tomelloso, que debatirán sobre diversos aspectos del vino y la cultura que lo rodea.

Se trata del foro “Metidos en el laberinto, lo mismo da blanco que tinto” que reunirá, bajo la dirección de la escritora y periodista Marta Robles, a Nativel Preciado, escritora y periodista, Rosa Regás, escritora y premio Nadal 1994, Vanessa Montfort, novelista, dramaturga y periodista y Ángela Valvey, periodista y escritora ciudadrealeña, premio Nadal 2002 y premio Planeta 2008.

Un debate cuya importancia radica en que el vino “es un elemento esencial de la cultura y forma parte del ocio, además de ser una industria muy potente y un sello español”, tal y cómo comenta Nativel Preciado.

Además de estar ligado íntimamente con recuerdos de momentos de celebración, placer, buena conversación. “También está asociado a los recuerdos de la visita a bodegas en las que me explicaron un proceso que me dejó impresionada”, añade.

Marta Robles también guarda muchos y buenos recuerdos ligados al vino, pero sin duda su mejor recuerdo asociado al vino siempre es el mismo: “ese momento en el que después de una semana interminable puedo irme a cenar con mi marido, abrir una botella y charlar”.

Cuatro mujeres para hablar de un mundo al que este género cada vez se acerca más “ya somos muchas las mujeres que hemos incorporado el vino a nuestra vida de manera regular y que nos sentamos a la mesa, en reuniones solo de amigas, con nuestra botella…” , comenta Marta Robles.

Con esta actividad finaliza “La cultura del vino” se han celebrado durante los últimos meses con actividades en ocho localidades que han acercado a la población y al vino desde distintas perspectivas: con humor, moda o conferencias. Todo para potenciar el consumo del vino con moderación en una de las provincias que más vino produce de todo el mundo. La Junta de Comunidades de Castilla-La Mancha y la Diputación de Ciudad Real han organizado este ciclo con la colaboración de FENAVIN.