Aprende a catar un vino con esta simple guía

La distancia entre el consumidor medio y el sommelier profesional parece demasiado amplia, y son muchas las personas que se aproximan a una copa de vino con cierto temor. Dicha sensación puede reducirse exponencialmente conociendo las claves de la cata, la esencia de cómo catar un vino. Toda cata de vino (¡no confundir con beber vino!) tiene tres fases: visual, olfativa y gustativa, o dicho de otro modo: vista, nariz y boca.

La fase visual

Visualmente, el color, el tono y el brillo de un vino pueden darnos mucha información. Fijémonos en la densidad del vino, en cómo las lágrimas resbalan por la copa, para anticipar su volumen en boca; en el tamaño de las burbujas de los espumosos, mayores cuanto menor su crianza o en el brillo de los colores, más intenso cuanto más ácido y vivo el vino.

Tras estas primeras impresiones, inclinad la copa sobre un fondo blanco hasta que el vino quede en paralelo con la mesa y buscad en él un primer color y, si queréis, un tono secundario. Recordad que los tintos empiezan su vida en colores violáceos que van palideciendo con la edad, mientras que un vino blanco se oscurece a medida que acumula años.

Otro detalle vital es la capa del vino; con la copa en la misma posición poned el dedo debajo e intentad valorar la transparencia del vino, su capa. Cuanto menos podáis ver vuestro dedo más peso tendrá el vino en boca.

La fase olfativa

Llegado el turno de la nariz aparecen los verdaderos problemas. Nosotros los humanos, a diferencia de la mayoría de mamíferos, hemos olvidado prácticamente nuestro olfato, y de su falta de uso se derivan las dificultades para identificar aromas.

Intentad identificar en el vino algún aroma que os resulte familiar, quizás una cereza o una manzana y, a partir de ahí, relajaos y seguir profundizando en el aroma en busca de nuevos recuerdos. Es muy recomendable oler primero sin mover la copa y después agitarla para percibir los aromas de manera gradual. Intentad agrupar las sensaciones de manera global (frutal, floral, láctica) para después profundizar en el detalle (fresas, violetas, yogur) y fijaos en posibles aromas terciarios que descubran el paso del vino por barricas, tales como las especias, el humo o el café.

La fase gustativa

En boca debemos centrarnos en el tacto y en los gustos, así descubriremos si un vino es cremoso o esbelto, ácido o dulce. Fijaos especialmente en la intensidad y la duración de las sensaciones; los grandes vinos permanecen en el recuerdo aromático y táctil minutos después de haber sido bebidos. Si además conseguís expirar por la nariz al tiempo que mantenéis una pequeña cantidad de vino en el interior de la boca, los mensajes aromáticos se multiplicarán y podréis gozar del vino en plenitud.

Superada la cata ya es momento de beber pausadamente y deleitarse con la parte más hedonista del vino.

Por el Equipo de someliers de

Vinissimus

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La importancia de la estación del año a la hora de elegir el vino

En primavera

La vid empieza a brotar, las yemas se rompen y crecen los nuevos sarmientos; en unas semanas aparecerán las flores. En nuestras copas es época de empezar a alejarnos de los vinos con crianza y de mayor graduación, y empezar a tomar tintos y blancos más ligeros y afrutados, como los de Penedés o Rías Baixas. (Época del año y el vino).

En otoño

Llega la esperada vendimia y tras ella la caída de la hoja. La climatología se torna algo más severa y la madera se convierte en nuestra gran aliada en las copas. Apetecen los vinos con crianza, tanto blancos como tintos, y con mayor graduación. Otoño y barrica han sido siempre una combinación infalible, como atestiguan los tintos de Rioja y Montsant, o los blancos envejecidos en barrica de la Terra Alta. (Época del año y el vino)

En invierno

Época de frío, pero también de fiestas. Tras la poda, las cepas descansan y acumulan reservas para la añada siguiente, al tiempo que los consumidores nos alejamos de los vinos blancos y buscamos la tanicidad y el empaque de los tintos, sin duda, los preferidos por la mayoría de consumidores. Es época de vinos estructurados, como los del Priorat o Toro, pero también de buenos espumosos como los cavas gran reserva que nos ayuden a resaltar lo mejor de nuestros platos navideños.

Así, del mismo modo en que el ciclo de la vid se iniciará una añada más, nuestros paladares volverán a adaptarse a las distintas épocas del año, siguiendo un camino ya recorrido, pero no por ello menos especial. (Época del año y el vino)

 En verano

Llegan el envero y la maduración. La uva cambia de color y acumula azúcares mientras que nuestros paladares buscan refresco. Es momento de espumosos y vinos blancos ligeros, quizás también de algún rosado o tinto muy delicado. Las altas temperaturas reclaman un vino que se pueda servir fresco, así que el es momento perfecto para los blancos de Rueda o Valdeorras, los rosados de Navarra o los tintos del Bierzo o la Conca de Barberá sin demasiada crianza. (Época del año y el vino)

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